Emilio Aguayo

Mi idea para esta temporada 2019 era debutar en IM Lanzarote y luego hacer un break de 2 semanas para volver a entrenar ya más tranquilo haciendo pruebas que me motivaran en España como eran Pálmaces, Fromista, Valle de Buelna, 70.3 Lanzarote y Campeonato de España de Ibiza. El objetivo era disfrutar sin presión de esta segunda parte de la temporada, entrenar pensando en volver a correr IM el siguiente año e intentar la clasificación a Kona 2020 en algún Campeonato Continental Ironman en abril-mayo.

Tras hablar con mi entrenador Jaime y con Gurutze Frades y su entrenador/pareja Roberto Corujo , tenía en mente correr IM Sudáfrica, un circuito ya conocido (debido a que corrí el mundial de 70.3 en 2018) y que se ajustaba mucho a mis características.

Entonces, ¿Qué me hizo cambiar de planes? Pues como muchos ya os disteis cuenta en mi entrada a meta, Nat y yo vamos a ser papis. La fecha prevista es en abril, así que por supuesto, lo más importante era estar en el nacimiento de mi futuro hijo/a, por lo que Sudáfrica quedaba descartado.

Cuando llamé a Jaime para darle la noticia, le comenté el porqué no, intentar correr un IM antes de acabar el año. Era algo arriesgado, ya que desde el IM Lanzarote llevaba muy poco entrenamiento. Además Jaime me había dicho un NO rotundo a hacer dos IMs en mi primer año, pero las circunstancias habían cambiado y teníamos que adaptarnos. 

Estuvimos mirando calendario y las opciones eran IM Barcelona (circuito muy rápido pero con mucho drafting legal en el que “pasan pocas cosas”), IM Malasya (me iba muy bien por calor y humedad, pero había lista de espera de 15 deportistas) y por último IM Wisconsin (circuito duro de bici, el clima era una incógnita y la fecha era la más cercana, es decir, había menos tiempo para prepararlo, pero a la vez, a 4 semanas, parecía que la start list era la más “asequible”, ya que era donde menos PRO habían inscritos).

Finalmente, animado por Jaime, decidimos IM Wisconsin. Él también iba a ir, así que no tendría que viajar solo. A veces, hay que jugársela y asumir riesgos que en otra situación nunca asumiría, pero creo que valía la pena intentarlo. Comenzaba la aventura.

El viaje a Wisconsin transcurrió sin problemas. 8 días de aclimatación, 18h de viaje desde que salí de mi casa en Valencia hasta que llegué a mi home-stay en Madison (Wisconsin), un uber del aeropuerto de Chicago a Madison por 200$ y la bici llegó en el vuelo y entera, lo que es un milagro en los tiempos que corren.

La semana previa transcurrió sin más. Entrenamientos de puesta a punto, reconocimiento de circuitos, mucho descanso y comida sana y de calidad (aunque muy cara en EEUU). Arroz blanco, pollo, atún, yogur con fruta y cereales fueron la tónica de la carga de hidratos de carbono tres días previos a la prueba, creo que esto fue una de las claves de mi rendimiento el día de la carrera. Cierto que llegaba muy fino y en esos tres días seguro que cogí unos 2-3 kg extras, pero eran necesarios para lo que venía.

La mañana de la carrera me levanté a las 3:00 para desayunar tranquilamente y ultimar preparativos  (ir al baño, poner tattoos, revisar bolsa, revisar estrategia nutricional y de vatios, etc). A las 5:00 salgo de casa y me dirijo directamente al “run special needs” donde dejé 3 geles y una botella de agua pequeña con agua a mitad y un gel disuelto. Esta bolsa la recogería, si todo iba bien, en la segunda vuelta de carrera a pie.

El día de antes, en el check-in, la transición que se encontraba situada en Monona Terrace, un parking enorme con múltiples salas de reuniones, me había parecido muy compleja, pero la mañana de la carrera, sabiendo ya donde se encontraba cada cosa, fue un trámite sencillo. Preparo las bolsas de bike y run, y me dirijo a dejar los bidones (con geles disueltos en ambos) en la bicicleta, y aquí es donde empiezan los primeros problemas del largo día del IM.

Os podéis imaginar mi cara cuando llego a la bici y me encuentro la rueda delantera completamente en el suelo. Quedaban 40’ para la salida, decido hincharla y si no se deshinchaba, darlo por bueno e irme a la salida a calentar. La hincho a 8kg y me agacho para poder escuchar si perdía aire. No escucho nada. Me quedo más tranquilo y pienso que ha podido ser de estar casi 20h al sol en una terraza al aire libre. Además llevo recambio y 2 bombas de CO2 por si tuviera que cambiar. Intento olvidarme de la situación para no ponerme nervioso y me dispongo a bajar el hélix (había que subir y bajar cada vez 3 pisos del parking por una rampa en forma de espiral que te llevaba al box) para ponerme el neopreno y calentar un poco antes de la salida.

Me enfundo rápido mi Orca 3.8, caliento 10’ y enseguida me veo en línea de salida (desde el agua). Dan el cañonazo de salida (muy USA) y salgo rápido pero sin pasarme. Sabía que había dos buenos nadadores, un triatleta local, Andrew Keily y un compañero del Club La Santa, Reece Barclay (marido de Lucy Charles). Decido colocarme a pies y nado muy tranquilo durante toda la prueba. Quizás pequé un poco de conservador, pero sabía que el día iba a ser largo y yo iba justo de entrenamiento, así que modo “ahorro de energía” enchufado y a ver cuales eran mis sensaciones en los primeros kms de ciclismo.

Finalmente salgo 2º del agua, hago una rápida transición que me permite salir primero con mi Cervelo P5 Disc dispuesto a seguir a rajatabla mi plan de vatios. Aquí viene el segundo problema del día, la rueda va floja, voy rodando en bici como en una nube. Cuando hay curvas, la bici se me va de adelante y cuando cojo algún bache (circuito repleto de ellos, si alguien ha viajado a EEUU, ya sabe como son las carreteras), la HED prácticamente toca el suelo. 

Esta claro que voy pinchado, la rueda va perdiendo aire progresivamente, así que mi opción es ir con cuidado en las curvas y aguantar al máximo para usar una bomba de CO2 y que la rueda dure hinchada todo lo posible. Voy en cabeza hasta el km25, donde el alemán Markus Thomschke, me pasa como una locomotora. No me dijo nada en el momento, pero al finalizar la carrera me dijo que se había dado cuenta de que iba pinchado y tiró fuerte en bici en la primera vuelta de 90k para sacar la mayor distancia posible. Yo sabía que era un buen ciclista. Este mismo año en IM Cork, donde debutó Alistair Brownlee, Markus le sacó 6’ en bici y logró finalizar 3º, así que iba a ser un rival duro.

En el km50 me toca parar a echar una bomba de CO2. Ya iba con la rueda completamente deshinchada y no había otra opción. Aprovecho para hacer un pipi. El día estaba siendo frío (entre 15 y 19ºC) y aunque no pasé frío, no lograba romper a sudar. Esto hizo que fuera en bici con unas ganas locas de orinar, y aunque lo intenté varias veces, no conseguía hacer pipi encima de la bici (habrá que entrenarlo en el futuro), por lo que aproveché el pinchazo para hacerlo. 

 En esos momentos en los que tuve que parar, Barclay se marcha y me coge Keily, el cual se había quedado en la primera parte del sector ciclista, y se marcha también. 

Me subo a la bici y continuo como si nada, sigo centrado siguiendo el plan, con una alarma puesta en el garmin cada 10’ para recordarme que bebiera un sorbo del bidón con geles.  En seguida paso a Keily. Voy tan concentrado que no escucho a uno de los voluntarios y me salgo del circuito, parando a los 10” y teniendo que volver. No fueron más que 20” perdidos, pero con un pinchazo, esta salida del circuito, una referencia de un desconocido de que el alemán iba a 8’ y con la duda de si iba a tener que parar una segunda vez para volver a hinchar la rueda, mi mente empezaba a dudar de si iba a poder conseguir el objetivo por el cual había cruzado el charco, KONA 2020.

Mi motivación ese día era diferente a cualquiera que hubiese tenido en ninguna otra competición. Tenía en mente a mi futura familia, al hecho de que tenía que lograr esa plaza para poder aprovechar un principio de año tranquilo disfrutando de ellos al máximo, no quiero perderme absolutamente nada de esta nueva fase de mi vida, y esa mentalidad fue la que hizo mantenerme concentrado y no salirme de carrera.

En el km110 vuelvo a coger a Barclay, pero 20km después me toca volver a parar a usar mi 2ª botella de CO2. Aprovecho para otro pipi y justo pasan el sueco Danielsson y el estadounidense Adam Feigh. Me vienen bien para, por primera vez en toda la carrera, ir acompañado de alguien y relevarme con ellos en nuestro intento de que el alemán no se bajara con una ventaja insalvable, y, además,  cazar y soltar a Barclay, que no estaba teniendo su día, y que posteriormente se retiraría. La rueda parece que aguantaba, pero los últimos 10km de continuo curveo (justo lo que se me da bien) son un calvario, ya que la bici se me va en cada curva. Al final me bajo en T2 4º a 11’ del alemán, y 1 y 2’ de Danielsson y Feigh respectivamente.

Cuando me bajo en T2, me calzo las Hoka One One Clifton 6 y salgo a correr. Oigo al speaker diciendo que llevo una desventaja de 11’ con el alemán y se me cae el mundo encima. 

Paro en los baños a la salida de la T2 a hacer el último pipí del día y me pongo a pensar. El plan era salir a 4-4’10 min/km e  ir regulando y viendo sensaciones, pero si salgo a correr a ese ritmo es imposible coger al alemán. Él ya había corrido sub 3h en maratones IM y es lo mismo que corrí yo en LZ. Si corriese yo en 2h48’ y él en 3h, llegaríamos al sprint, ya que si me llevaba 11’ y yo había parado 1’ a orinar,  eran 12’ de déficit…

En esos momentos me vinieron a la cabeza unas palabras de Saleta Castro. Había estado hablando con ella la semana previa, ya que ella corrió esa misma prueba en 2013 y quería que me diese algunos consejos. Me dijo que la maratón era dura, que no me diese por vencido hasta el final y que el IM realmente comenzaba en el maratón.

No había más que pensar. Había que salir a por todas. Era “Kona o palco”. 

Salí convencido de que iba a correr un 10k a ritmo vivo. No iba mirando el reloj, pero tenía puesto el autolap cada km y los primeros salían solos a 3’40 min/km. Pasé el 10k en 37’40” y la media maratón en 1h20’30” (entorno a  3’43min/km). Pese a que en mi cabeza pienso mil y una veces que es un ritmo suicida, las sensaciones son muy buenas, la comida entra y no me siento ni vacío ni con fatiga muscular. Además, adelantar al 3º y al 2º sobre el km 3 y 7 me da confianza. 

Pese a mi primera media maratón kamikaze, le he recortado únicamente 5’ al alemán, es decir, me quedan 7’ por recortar en la segunda vuelta. No me queda otra que seguir apretando y hago un par de km a 3’35-3’37 min/km, pero veo que en ese ritmo si que voy forzado. En el km 25 me cantan 3’. ¿Sólo 3’? ¿Le he recortado 4’ en 4km? Eso me motiva aun más, pero decido seguir al ritmo. Si le he recortado ese tiempo en 4km, no vale la pena volverse loco. 

En el km32 lo veo en una larga recta de tierra. Me entran las dudas de si quedarme detrás y reservar un par de kms a su ritmo… Ya he arriesgado bastante y no hay que tentar a la suerte. Pero el ritmo es tan diferente que conforme le cojo, le paso a la misma velocidad. 2km más tarde, en un punto de giro, veo que ya le llevo 2’ y ahí si que decido desconectar y comenzar a correr  km >4min/km. 

Parece algo inteligente, pero no. Me relajé demasiado. Ya me veía primero en meta y a falta de 3km para el final, comienza a llover, sigue haciendo frío, y mi cuerpo empieza a bloquearse. Me duelen los músculos de las piernas y parece que empiezo a tener amagos de calambres. Hace 1km iba como nuevo y de repente paso de correr de 3’50 a 4’15 conscientemente y es cuando me vienen todos los males. No hay que relajarse hasta que no se pasa la línea de meta. Lección aprendida. Por suerte, Markus ya iba más desconectado que yo, y al final entro en meta con 4’ de ventaja. 

He corrido la maratón más rápida de mi vida 2h46’, lo cual no hubiese conseguido si no se hubiese dado esta situación de carrera, nunca me hubiese atrevido a salir de T2 y correr a esos ritmos, esto me dará seguro mucha confianza en un futuro. Sólo había corrido otra maratón anteriormente, la del IM Lanzarote, en 3h. Además, consigo mi sueño deportivo. He conseguido la plaza para Kona2020. La primera plaza que otorgaba la franquicia. 

Esperando en meta, llega mi entrenador, Luarca, con victoria también en su grupo de edad y  consiguiendo su 7ª clasificación a Kona. En 2020 nos espera otro viaje juntos, y ahí, con toda la experiencia que él tiene en la isla, espero poder absorber al máximo todos sus consejos. Seré una esponja.

Ahora únicamente me queda disfrutar de este logro con mi familia y amigos, disfrutar del nacimiento de mi hijo/a y de la mujer de mi vida.

Gracias a todos los que estuvisteis todo el domingo detrás de la pantalla y de la app de IM siguiendo la prueba y dándome fuerzas. También por todos los mensajes de enhorabuena, tanto por la victoria, como por la plaza para Kona como por lo más importante, la futura paternidad.

Nos vemos en lo que queda de temporada en las dos islas, IM 70.3 Lanzarote el 05 de octubre y Camp Esp Half Ibiza el 27 de octubre.

ALOHA!

P.D. Os dejo aquí los datos de strava del segmento de ciclismo y de carrera a pie para los curiosos de los datos. Los de natación no los tengo porque nado sin reloj.

Ciclismo: https://strava.app.link/d5eASK0WWZ

Carrera: (no paré el reloj al entrar en meta) https://strava.app.link/69tUS0WWWZ

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Emilio me ha encantado leer tu crónica de la carrera. Conociéndome no sé si hubiese aguantado mentalmente la paliza que debió suponer saber que llevabas la rueda pinchada. Enhorabuena por esa futura paternidad y por la plaza para KONA.

  2. Enhorabuena gran carrera y crónica estaremos dando fuerzas en 2020

  3. Enhorabuena, impresionante aparte del estado de forma necesario para ganra un IM, la capacidad de análisis y control en las tres disciplinas, para no arriesgar en el agua, para no desesperar con la rueda y arriesgar lo justo en el maratón… nos vemos en Kona 2020. Aloha¡¡¡

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